DEMOCRACIAS EXCLUYENTES
El régimen democrático instaurado a comienzos de la década del ‘80 ha superado las indefiniciones de la etapa de transición y ha logrado una razonable estabilidad en la actualidad, de un modo paradojal: negando su contenido.
Al respecto, el experto en el sistema penal argentino, Elías Neuman afirma que: “El modelo democrático de nuestro país se ha transformado, modificando el sentido y la dirección de la representación. De esta manera el escenario político se presenta como un gran vacío de ideas, propuestas y estrategias políticas capaces de contener las problemáticas sociales que perjudican a la mayoría de población”.
La dispar distribución de la riqueza, la desocupación, las carencias en educación, necesidades básicas insatisfechas, hambre e inseguridad, son sólo algunos de los flagelos que azotan a nuestra sociedad como consecuencia de la instauración de este sistema.
Para hacer patente la enorme responsabilidad que tiene la producción política democrática en ese proceso, es decir en la articulación que hoy observamos entre despojo material y despojo simbólico de los sectores populares, Neuman denomina "Democracias excluyentes" a este nuevo tipo de democracias productoras de diversas modalidades de marginalidad, indigencia y exclusión social.
“En este marco es imprescindible tratar una realidad tan compleja con una visión totalizadora de las diferentes problemáticas, para no caer en reduccionismos a la hora del análisis, y correr el riesgo que nuestros discursos queden obsoletos.
Cuando se plantean ciertos temas de orden social se debe tener presente el hecho concreto de que somos actores y artífices de un cambio enorme de la historia de la humanidad. Este cambio implica el traspaso de un capitalismo industrial, en el que el ser humano era esencial porque era un eslabón en la cadena de producción; a un capitalismo financiero y de servicios. El primer interrogante es si en este último caso, se sigue sosteniendo lo que habíamos aprehendido en el Estado de bienestar, ya que aún en ese capitalismo industrial prevalecía un cierto sentimiento ético con respecto a la vida humana.
En el capitalismo financiero, ¿se sostiene ese sentimiento ético o por el contrario, hay personas que no importan, entre otras cosas, porque no consumen?”,comentó Neuman.
¿La violencia es un fenómeno causado por el neoliberalismo?
Uno advierte por los medios de comunicación que todo parecería descansar en hechos anecdóticos violentísimos que se van sucediendo, pero en realidad, hay que pensar al paradigma de la inseguridad como respuesta del paradigma neoliberal. Otro de los hechos fundamentales para observar es que el neoliberalismo hace que aceptemos como sinónimos violencia y los sectores más bajos. Cuando nosotros hacemos referencia a violencia, hablamos de delitos callejeros, pero lo importante sería tratar de encontrar el motivo de este fenómeno. Es cierto que las cárceles, en su gran mayoría, están superpobladas por gente de escasos recursos económicos, pero lo que tendríamos que plantearnos es que si los que tienen posibilidades económicas, no son también los que tienen más posibilidades judiciales.
¿Violencia y delincuencia callejera son sinónimos?
La delincuencia se nos presenta mentalmente como la violenta, la callejera. Es una violencia en que víctima y victimario se ven, gritan, matan, molestan. Pero qué ocurre si alzamos la mirada y comenzamos a pensar también en aquellos delitos no convencionales, esos que se generan desde las alfombras rojas de Ministerios, Financieras o Bancos. Que se denominan delitos de cuello blanco, de defraudación cuantiosa, cometidos por empresas trasnacionales oligopólicas, capaces de hambrear una región; los delitos tecnotrónicos, de orden racial, políticos, religiosos o de sexo. Aquellos cometidos por los medios de difusión; falsificación de alimentos y medicamentos; así como también los grandes tráficos de nuestra era: drogas, mujeres, órganos humanos, armas. Cuando se piensa en toda estos tipos de delincuencia se advierte que no pueblan todas las prisiones, además de conformar una forma de violencia más silenciosa y poderosa. Puedo asegurar que un solo delito cometido detrás de un escritorio tiene un costo social y económico muchas veces peor que aquellos delitos que tienen a miles de presos en nuestras cárceles“.
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